Tras un maravilloso clínic de cuatro días en campo abierto y en las estupendas instalaciones de Randals Bison y al reclamo de las convocatorias realizadas indistintamente por la AEETW y la A.F.E.T. a ambos lados de Los Pirineos, nos encontramos un nutrido grupo de participantes de diferentes nacionalidades, si bien predominaban los franceses y españoles lógicamente.
Como es habitual en estas ocasiones, cada grupo se afanó en preparar por separado los diferentes equipos, si bien, la camaradería reinante y el amistoso ambiente, que entre todos supimos crear, favoreció la formación también de equipos mixtos de nacionalidades.
Con estas premisas y la preparación de la pista (el ganado había sido numerado en jornadas anteriores) en la mañana del sábado, dio comienzo la competición con la inscripción de 51 equipos participantes.
A mi compañero, al que había conocido el martes en el clinic, y a mí nos tocó formar parte de tres equipos españoles a cuyos restantes componentes había conocido el mismo día y por igual motivo. Aunque me cayó simpático desde el primer momento, tardamos media jornada en llegar a un buen entendimiento. Debo de reconocer que yo tengo mis manías pero mi simpático amigo se empeñaba en imponer sus escasos conocimientos sobre mi ya dilatada experiencia y nuestra relación llevaba camino de fracasar hasta que decidimos ceder los dos parte de nuestras irrenunciables convicciones y entonces todo fue suave como la seda.
Recuerdo los tres go de esta jornada con gran excitación, el sol abrasador de la mañana había resecado la pista, envolviendo el recinto, con nuestros galopes y el azorado movimiento de las vacas, en una neblina polvorienta de la que emergían jinetes y reses entre los intimidatorios gritos de aquellos y los intimidados mugidos de estas, dotando a la escena de un vetusto y romántico espectro de época.
La primera impresión que me causaban los pequeños pero afilados cuernos trocaba en inundante emoción que me llegaba a ensordecer cuando suavemente me introducía en el rebaño para separar el número asignado y devenía en explosión de adrenalina cuando estallaba en desenfrenado galope empujando a la res previamente aislada.
De por medio, la agitación propia del lance, los requiebros del ganado a veces parecían querer partir mi cintura mientras algunos de sus ejemplares mostraban una gran habilidad en su obstinada pretensión de llevarnos la contraria.
Unas veces conseguíamos el objetivo, al menos entró alguna vaca, y otras, las más, la voz del juez magnificada por la espléndida megafonía nos sacaba de aquel lúdico enredo –muy contra nuestra voluntad- devolviéndonos al ambiente exterior con algo de frustración pero con la satisfacción de habernos volcado en la pista.
El segundo go fue a la mañana siguiente, tras una espectacular fiesta western, que otros ya se han encargado de publicitar en otros foros y en la que se estrecharon lazos y disfrutamos gozosamente.
Tras este go quedaron definidas las clasificaciones de la competición propiamente dicha y en la que los españoles consiguieron meter cuatro equipos entre los diez primeros, cosa realmente épica teniendo en cuenta el nivel de calidad con que este año aguardaban los franceses su deportiva venganza por la derrota del año anterior.
Con los seis mejores equipos clasificados mas uno femenino formados íntegramente por componentes de cada nacionalidad, se formaron las correspondientes selecciones de este encuentro franco-español y cuyos resultados fueron los siguientes:
Como podéis ver el resultado fue bastante digno para nuestra representación que se vio no obstante superado por una excelente actuación de los galos a los que desde aquí felicitamos y emplazamos a la vuelta en Camprodón en donde, como en la Chanson de Rolland esperamos sean derrotados deportivamente por nuestras pacíficas huestes.
Por mi parte debo señalar que, si bien no me clasifiqué para la challenge, debido sin duda a la inexperiencia de mi amable compañero, disfruté como un pony de mis seis salidas a pista y me sentí vivo y útil haciendo lo que realmente me gusta en medio de las constantes atenciones, eso sí, de mi camarada. Y que gracias a él, me di el gusto de desfilar gallardamente portando una bandera mientras no paraban de hacerme fotos que espero –con esto de Internet- den la vuelta al mundo y lleguen a La Pampa y quede constancia de que yo estuve allí participando.
Fdo.- OCHO (El caballo criollo compañero de McClaud).
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